El desacondicionamiento físico es uno de los problemas más frecuentes que observamos en las personas mayores, especialmente en aquellas que viven en residencias o que pasan largos periodos con poca actividad física. Se trata de una pérdida progresiva de fuerza, resistencia, movilidad y equilibrio causada principalmente por la inactividad.
Aunque muchas veces se piensa que es una consecuencia inevitable de la edad, lo cierto es que gran parte del desacondicionamiento se puede prevenir o mejorar con pequeñas acciones diarias y con el trabajo conjunto de profesionales y familias.
Se han observado varios estudios en los últimos tres años donde nos indican la alta frecuencia de aparición, porque no solo afecta la movilidad, sino también el bienestar emocional y social de los adultos mayores. Por ello, resalta la importancia de la rehabilitación en todas las áreas desde los diferentes profesionales de la salud.
Si pensamos el por qué ocurre el desacondicionamiento físico, normalmente nos viene a la cabeza largos periodos en cama y silla, hospitalizaciones, dolor o miedo a caerse, falta de estimulación para movernos y enfermedades crónicas.
Cuando a persona mayor deja de moverse lo suficiente, su cuerpo empieza a perder capacidad funcional. En pocos días puede disminuir la fuerza muscular, aparecer mayor rigidez en las articulaciones y alterarse el equilibrio.
Nuestra actividad diaria tiene unas consecuencias. Este desacondicionamiento físico puede provocar mayor dificultad para caminar, dependencia para actividades básicas como levantarse, vestirse o asearse, mayor riesgo de caídas, fatiga al realizar pequeños esfuerzos y pérdida de autonomía y calidad de vida. Por eso es tan importante detectar los signos a tiempo y actuar de forma preventiva.
Algunas acciones sencillas pueden marcar una gran diferencia, por ejemplo: animar a la persona a levantarse y caminar siempre que sea posible, evitar que pase demasiado

tiempo sentado o en cama sin necesidad, favorecer la participación en actividades de movimiento o permitir que la persona haga por sí misma lo que aún puede hacer.
Siempre se habla del cuidado del adulto mayor como si toda su vida diaria dependiera de uno mismo. A esto, hay que añadir que a su vez la familia juega un rol de sobreprotección para cumplir sus funciones.
Todas las actividades propuestas desde las disciplinas de Terapia Ocupacional y Fisioterapia tienen un significado, el cual nos va a ayudar a evitar ese desacondicionamiento físico.
En nuestras residencias se está trabajando con la metodología de la atención centrada en la persona y en las relaciones, donde todos los aspectos físicos, psíquicos, emocionales y ambientales intervienen. Para poder prevenir y acompañar a las personas mayores en las diferentes etapas de su vida, e igualmente ante esta situación, debemos adaptarnos a ellos.
La importancia de la terapia ocupacional radica en mantener la independencia en las actividades básicas de la vida diaria, entre ellas poder seguir lavándose la cara, coger los cubiertos y poder disfrutar de sabores y olores rutinarios. Hay diferentes estrategias terapéuticas como la estimulación cognitiva, la estimulación sensorial, psicomotricidad, ocio terapéutico, musicoterapia y otras terapias. Se pretende enfatizar en la importancia de la humanidad y la personalización del cuidado, además de fomentar la participación activa y equidad ocupacional para generar una mayor calidad de vida en la persona mayor.

La importancia de la fisioterapia es ayuda a mantener y recuperar la capacidad funcional de las personas mayores mediante ejercicios de fortalecimiento, trabajo de equilibrio y marcha, movilizaciones articulares, programas de actividad adaptados a cada persona.
En ambos casos, el objetivo no es solo tratar, sino prevenir la pérdida de autonomía e independencia que se produce ante el desacondicionamiento físico y lo ideal es hacerlo de forma interdisciplinar.
Cuidar la movilidad de nuestros mayores es una responsabilidad compartida. Cuando personal auxiliar, equipo técnico y familias trabajamos juntos, podemos ayudar a que las personas mayores mantengan su independencia, poder de decisión y sobre todo su derecho a la dignidad.
Moverse es salud y en la vejez cada movimiento cuenta.
Por Lilian Muñoz Delgado, fisioterapeuta.
Por Patricia Murillo, terapeuta ocupacional.






